jueves 26 de noviembre de 2009

Los Caballeros hospitalarios


La orden de San Juan del Hospital, fundada unos pocos años antes de la primera cruzada, sufrió una profunda transformación con la fundación del reino latino de Jerusalén. A imitación de los caballeros templarios, los hospitalarios se convirtieron en un verdadero ejército cuya finalidad era proteger a los peregrinos que se dirigían a los Santos Lugares

Los orígenes de la orden se remontan a unos pocos años antes de la llegada de los cruzados de Godofredo de Bouillon a Tierra Santa. Hacia 1080 existía ya una pequeña congregación amalfita bajo el patronazgo de la iglesia de Santa María Latina, una fundación benedictina situada al sur del Santo Sepulcro. Esta pequeña hermandad de laicos que vivían una vida religiosa dedicada a labores de asistencia a peregrinos pasó en pocos años a transformarse de una simple organización sanitaria en uno de los ejércitos más temidos por los sarracenos, una verdadera punta de lanza del reino latino.
La transformación de la primitiva orden asistencial en una orden de caballería se debió con toda seguridad al ejemplo del Temple. A un lector de nuestros días le puede parecer una contradicción el hecho de que una orden religiosa pudiera tener carácter militar. Sin embargo, en la época que nos ocupa, existía toda una casuística que justificaba el empleo de la violencia para la defensa de la fe cristiana, así como para el mantenimiento de la paz y la justicia en el mundo. Además, prácticamente toda la cristiandad occidental vivía inmersa en un clima de extremada violencia como consecuencia de la debilidad de unos estados que eran incapaces de imponer la paz. Muchos nobles combatían entre sí y se había creado una auténtica ética de la violencia como forma de vida del noble. Para colmo, en muchos casos la impronta del paganismo seguía vigente, así que no era en absoluto extraño que los propios clérigo empuñaran las armas. Este hecho producía verdadero rechazo a los cristianos orientales, tal como revela el testimonio de Ana Comnena.

Sostenimiento de la orden

Así pues, todo jugaba a favor del éxito de la idea. En efecto, al poco tiempo de reorganizarse bajo presupuestos militares, el nombramiento de Raimundo de Puy como gran maestre de la orden en 1120 y la redacción de la regla 10 años más tarde marcan un punto de inflexión en la historia de los hospitalarios. Desde ese momento, la orden del Hospital comenzó a experimentar un gran incremento de vocaciones y donaciones. El espaldarazo del papado a la idea del monje-soldado consagró definitivamente la feliz invención.
A mediados del siglo XII la militarización de la orden ya era un hecho. Esta evolución se advirtió también en la elección de grandes maestres de origen anglonormando. El primero de ellos fue Gilberto d’Assailly, antiguo comandante de Tiro. Esta situación perduró hasta los tiempos de la tercera cruzada, una época en que la orden del Hospital se encontraba bajo la dirección de Garnier de Nápoles, uno de los grandes colaboradores de Ricardo Corazón de León.
Desde el punto de vista estratégico, el sostenimiento de las órdenes militares era uno de los puntos esenciales del reino de Jerusalén. Esto era debido a que, contrariamente a la visión más habitual, la inmensa mayoría de los caballeros que hacía voto de cruzada solían regresar a su hogar una vez cumplido. De esta forma el reino quedaba prácticamente inerme. Se comprende pues, que siendo las órdenes militares los únicos ejércitos permanentes en Tierra Santa, buena parte de la seguridad del reino dependiera de ellas. Así pues, era necesario que tuviera una adecuada financiación y que estuvieran dotadas de recursos suficientes para su mantenimiento.
El problema se solucionaba a través de varias vías. Gracias al apoyo del papado, las órdenes se beneficiaban del gran número de donaciones que efectuaba la nobleza de toda la cristiandad, así como de las rentas que proporcionaban dichas donaciones. No obstante, había frecuentes roces entre las órdenes y las autoridades eclesiásticas seculares, ya que las primeras estaban exentas del pago de los diezmos y, además, eran independientes. Por otra parte, recibían una parte del botín de cada campaña en la que tomaran parte activa. Las propiedades de las órdenes no se circunscribían sólo a Tierra Santa. De este modo se realizaba una rotación de los miembros de la orden destacados en ultramar y el continente.

El reclutamiento

La mayoría de los reclutas del Hospital, como en general la mayoría de los cruzados, eran originarios de Francia e Inglaterra. Un número significativo de los hospitalarios, sin embargo, venía del imperio germánico, si bien en estas tierras la aparición de la orden de los Caballeros teutónicos les restó parte de la popularidad de que gozaban en Francia o Inglaterra a favor de la orden nacional. Para los germanos, los hospitalarios y los templarios podían parecer demasiado “franceses” –es decir, papistas- en una época en que los intereses del Imperio y los del papado chocaban con demasiada frecuencia. Aún así, alguna tierras ligadas al Imperio germano como Bohemia o Hungría, eran una buena cantera para el Hospital, si bien en Hungría puede observarse una dicotomía entre los caballeros sanjuanistas, que eran generalmente de origen francés o italiano, y los grados inferiores, de extracción nativa.
Las ciudades italianas también proporcionaron numerosos hermanos al Hospital. Lo mismo sucedió en España, país en que las circunstancias políticas del momento –no olvidemos que se estaba en plena lucha contra el invasor musulmán- provocaron una concentración de caballeros hospitalarios que se concentraron en la Reconquista. El caso de los hospitalarios de España es especial dentro del mundo occidental, aunque la estructura que adoptaron era muy semejante a la de sus hermanos de ultramar.
Durante el siglo XII y la primera mitad del XIII los hermanos hospitalarios no fueron reclutados mayoritariamente entre los miembros de la nobleza. Se había instituido entonces la costumbre de la oblación, esto es, la entrega de un niño a la custodia de la orden, que quedaba atado a ésta como novicio hasta los catorce o quince años. En este momento, después de tres años de entrenamiento, pasaba a ser considerado hermano de pleno derecho. Sin embargo, a partir de mediados del siglo XIII el ingreso se hizo más restrictivo y lo más habitual era reclutar a hermanos entre miembros de la nobleza que pudieran aportar propiedades. Es posible que el gran número de bajas de la orden, producido por su excesivo celo combativo y porque los musulmanes no solían tener piedad de los miembros de las órdenes militares después de la batalla, fuera la causa de la crisis del sistema de noviciado.
Las razones que empujaron a tantos hombres a ingresar en la orden fueron sin duda muy diversas. Una de ellas –no en vano se trataba de una hermandad religiosa- fue el fervor místico y el deseo de apartarse del mundo, pero tampoco debía ser infrecuente la búsqueda del martirio y el deseo de defender los ideales cristianos de la amenaza de los infieles. Algunos hermanos hospitalarios eran delincuentes que huían de la justicia, aunque la regla excluía el ingreso a los que hubieran cometido delitos considerados muy graves, como los homicidas o los herejes.

El hospital y el temple

La Orden de San Juan y la Orden del Templo tenían el mismo rango en la Iglesia, concediéndoles el Papa grandes privilegios, absoluta independencia de cualquier autoridad espiritual y temporal salvo la de Roma, exención de diezmos y con derecho a tener sus propias capillas, clero y cementerios. A ambas se les asignó la defensa militar de Tierra Santa y las más formidables fortalezas del país fueron ocupadas por alguna de las dos. En el campo de batalla compartían los puestos más peligrosos, tomando por turnos la vanguardia y la retaguardia a pesar de la rivalidad existente entre ellas.A diferencia de la Orden del Templo (aunque según algunos estudios si existieron en un principio para luego desaparecer), esta orden de San Juan, admitía monjas entre sus miembros. La primera casa de religiosas Hospitalarias en España se fundó en Grisén, otorgada a la Orden en 1177.

Los Hospitalarios vestían hábito y manto negros y su distintivo era una cruz blanca de cuatro brazos de igual longitud, que se ensanchaba hacia los extremos, concedida en 1248 por Inocencio IV. En 1259, Alejandro IV les autoriza a llevar en tiempos de paz el manto negro y en la guerra cotas rojas con la cruz blanca. En 1278 se establece que deberían llevar la cruz blanca sobre fondo rojo.Las ocho puntas de la cruz significaban las ocho virtudes que los caballeros debían ejemplificar en las tareas de caridad de su vida cotidiana:Goce espiritual – Vivir sin malicia – Arrepentirse de los pecados – Humillarse ante los que te injurian – Amar la justicia – Ser misericordioso – Ser sincero y puro de corazón y sufrir la persecución con abnegación. Cuando los turcos volvieron a tomar Jerusalén, la Orden de San Juan siguió defendiendo la franja de territorio a lo largo del litoral de Tierra Santa, y cuando cayeron las últimas posiciones, San Juan de Acre y El Krak, pasaron a Chipre cuyo rey les brindó hospitalidad. Aquí tomaron un carácter más militar y comenzaron su actividad marítima.En 1306 pasaron a la isla de Rodas y allí establecieron su sede teniendo al mando al Maestre Guillermo de Villaret, cambiando de nuevo el nombre esta vez por Caballeros de Rodas. Gobernada por el Gran Maestre y con embajadores ante las potencias europeas del momento, alcanzaron uno de los períodos de mayor esplendor. Con la desaparición de los Templarios a principios del siglo XIV incrementaron sus posesiones y bienes. El avance turco ataca la isla de Rodas furiosamente en varias ocasiones por ser la avanzadilla cristiana en la zona, pero sólo ante la gran victoria de Solimán el Magnífico que lanza un fuerte ataque, se ven en la obligación de capitular debido a la traición del caballero Andrés de Amaral. Es tal la pena por la pérdida de Rodas que aún hoy los religiosos de la Orden visten hábito negro en lugar de rojo en señal de luto. Después de salir de Rodas, vagaron de un lado a otro instalándose en Campania, Civitavecchia, Vitervo y Niza.En 1530, Carlos I cedió a la orden las islas de Malta, Gozo y Comino, junto con la plaza de Trípoli (que se perderá 21 años después) instituyéndose en Malta y pasando a convertirse en la Orden de Malta. La cesión se hizo a cambio de entregar al emperador, una vez al año, un halcón “el célebre halcón maltés”. Desde aquí amplían su soberanía incluso a tierras americanas, pero la ofensiva turca para eliminarlos no se hace esperar. En 1551 Trípoli cayó en poder turco después de que una formidable escuadra aniquilara a la heroica resistencia de los caballeros de San Juan. En 1565 sitiaron Malta pero ayudados por el virrey de Sicilia, D. García de Toledo y por los caballeros de la Orden de San Esteban, los turcos tuvieron que retirarse.De nuevo la traición tan presente en la historia, en 1799, permitió a Napoleón ocupar la isla y aunque fue vencido por la escuadra inglesa junto con los habitantes de Malta, la isla ya no les fue devuelta y después de otro peregrinaje, la Orden se instaló en Roma.
Una de las fortalezas más importantes que defendieron los Hospitalarios fue la de Krak de los Caballeros; la posición era inexpugnable y hasta Saladino desistió de tomarla, pero cuentan que acabó rindiéndose a una paloma. Los hechos sucedieron de la siguiente manera: el sultán de Egipto, Baybars (su nombre significa pantera) sitiaba el castillo - que era el último foco de resistencia cristiano - con un poderoso ejército y aunque la guarnición de la fortaleza era escasa, las defensas de sus muros no eran fáciles de traspasar y después de muchos asaltos y otras tantas derrotas y no queriendo renunciar a su conquista, recurrió a la astucia. Según los historiadores árabes, por medio de una paloma envió una carta con un mensaje al castillo diciéndoles que por orden del Gran Maestre de los Hospitalarios de Trípoli ordenaba la rendición pues era imposible enviarles ayuda. Los sitiados obedecieron la orden y el castillo de Krak fue ocupado por Baybars, que caballerosamente les dio un salvoconducto para que se trasladaran a Trípoli.Esta Orden llegó hasta nuestros días y su principal actividad sigue siendo la hospitalaria, con obras sociales y benéficas en los cinco continentes, y su nombre completo es Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.

sábado 24 de octubre de 2009

Los Caballeros templarios


En 1115 Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer fundaron la orden del Temple para la defensa de los peregrinos de Tierra Santa. Esta orden, una de las más poderosas de Tierra Santa, tuvo un final trágico con la ejecución de su gran maestre, Jacques de Molay.

Los caballeros de cristo:

Tres años después de que Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer decidieran fundar una congregación para la defensa de los peregrinos en Tierra Santa, los primeros miembros de la comunidad prometían ante el patriarca de Jerusalén los votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia. Los pobres caballeros de Cristo, así llamados por su humildad y austeridad, se instalaron en el solar del templo de Salomón, que el rey Balduino II les había entregado en propiedad.
En 1125, el concilio de Troyes reconoció a la orden, que en adelante contó también con el apoyo de la más importante autoridad espiritual de la época, Bernardo de Claraval, que defendió ardorosamente las excelencias de esta nueva forma de milicia. Con el apoyo del papado, del abad de Claraval y de la pujante orden del Cister, el poder de los templarios creció de forma espectacular en hombres y riquezas, extendiéndose por todos los rincones donde la cristiandad se hallaba amenazada: Jerusalén, Antioquía, Trípoli, Aragón y Portugal. Más tarde se unieron a ella los preceptorios de Aquitania, Poitou, Inglaterra, Provenza, Apulia, Hungría, Alemania, Sicilia y Grecia.

La milicia del Temple

En la cima de su poder el Temple llegó a reunir en propiedad alrededor de 9000 señoríos en el continente. Estas propiedades constituían la reserva material y humana de la orden, que pronto se convirtió en el ejército más formidable del reino de Jerusalén. De ellas procedían no sólo los caballeros que integraban la comunidad templaria, sino también grandes contingentes de soldados que servían como sargentos o auxiliares. Al lado de los monjes soldados se encontraban los caballeros seculares, esto es, los que servían por un tiempo determinado y a los que se les permitía el matrimonio. Estos caballeros seculares prometían donar al Temple la mitad de sus bienes a su muerte.
En tiempos de la segunda cruzada, poco más de un siglo después de su fundación, la orden templaria constituía junto al Hospital, la mitad de la fuerza militar del reino de Jerusalén y, a partir de 1147, acudieron a todos los llamamientos reales contra los musulmanes. Su enorme poder militar y económico quedaba reflejado en el gran número de feudos que la orden poseía en Palestina y Siria.
En el orden de batalla, los templarios formaban parte del ala derecha, la más distinguida del ejército real, mientras sus hermanos hospitalarios ocupaban el ala izquierda. Precisamente la progresiva rivalidad entre ambas órdenes fue una de las causas de la caída del reino de Jerusalén. Hubo por consiguiente, diversos intentos por parte del papado y del rey de Francia para unificar ambas órdenes en una sola, como el llevado a cabo en el concilio de Lyon de 1274, que promovió San Luis de Francia. En 1293, después de la caída de Acre, el papa Nicolás IV elevó la misma propuesta. La idea fue recogida por todos los notables de la época, muchos de los cuales eran favorables a esta decisión papal o, como alternativa, a la creación de una tercera orden que englobara al temple y al hospital.
En 1293 la orden desempeñó un valioso papel en la defensa de Acre, donde murió su gran maestre. Después de la pérdida de la ciudad, los templarios se reagruparon en Chipre, que desde hacía unos años era la retaguardia del reino de Jerusalén. Sin embargo, la orden, después de algunos intentos fallidos sobre las costas siria y egipcia, no logró adaptarse a los nuevos tiempos y acabó degenerando en una especie de banco de préstamo gracias a su impresionante red financiera internacional. Y es que, además de una formidable fuerza militar, el Temple se había convertido en una solvente entidad crediticia, la más importante del orbe cristiano. Su enorme fortuna estaba depositada en sus casas de Paris y Londres, y la rectitud de sus banqueros y la solidez de sus depósitos la habían convertido en el principal prestamista de monarcas y príncipes. Incluso el tesoro real francés se hallaba custodiado en el edificio del Temple de Paris.
Este fabuloso tesoro alimentó la codicia de Felipe el Hermoso de Francia. Como rey de su país y nieto de San Luis, Felipe estaba destinado a liderar una nueva cruzada para liberar los Santos Lugares. Esa era la excusa que necesitaba para hacerse con el control del tesoro de los templarios sin caer en sacrilegio y conseguir el apoyo de Clemente V, un papa francés residente en Avignon. Amparándose en rumores y acusaciones de dudosa fiabilidad como las vertidas por Esquiu de Floyrian, que les acusó de blasfemia, idolatría y prácticas sodomíticas, Felipe consiguió del papa Clemente el visto bueno para someter a la orden a un proceso judicial.
En 1306 el papa se reunió en Roma con Jacques de Molay, gran maestre del Temple, y de nuevo le propuso unirse con la orden de San Juan y proyectar juntas una nueva cruzada sobre el reino de la pequeña Armenia. A todas luces se trataba de un expediente para salvar a la orden de la tormenta que se avecinaba, pero Jacques de Molay se negó a aprobar la iniciativa pontificia porque la consideraba inviable. Un año después, el papa recibió los cargos acusatorios de Felipe de Francia y daba el visto bueno a la creación de una investigación sobe las actividades de la orden. Fue el principio del fin de los templarios.

La disolución de los templarios

El 15 de septiembre, el rey Felipe ordenaba el encarcelamiento de los templarios de Francia e inició contra ellos un proceso plagado de irregularidades. Trece miembros lograron escapar a la redada, y los demás fueron enviados a las mazmorras del rey. Allí fueron torturados hasta que todos ellos, excepto tres, confesaron los crímenes y fueron condenados a diversas penas, entre ellas la de prisión perpetua. Debido a una interpretación rígida de la ley, los que a pesar de la tortura seguían negando los cargos, era considerados reincidentes, y por tanto enviados a la hoguera por herejes. Cincuenta y cuatro templarios fueron entregados a las llamas el 12 de mayo de 1310. Los demás terminaron por confesar.
Sin embargo, la comisión pontifica que examinaba la causa no halló culpable a la orden. La investigación se llevó a cabo en todos los países de la cristiandad. En todas partes, salvo en Francia y algunos distritos italianos, los templarios fueron declarados inocentes: la confesión de los templarios franceses no significaba que profesaran una doctrina herética ni una regla secreta distinta a la aprobada por la Santa Sede.
Pero el papa, bajo la presión del rey de Francia, decretó la disolución de la orden. Esto implicaba una condena expresa, de forma que ni siquiera se realizó por sentencia penal sino mediante un decreto apostólico (bula del 22 de marzo de 1312). Disuelta la orden, había que decidir el futuro de sus miembros y de sus bienes, que fueros entregados a la orden del Hospital o, en el caso de Portugal y Aragón, a las órdenes de Cristo y Montesa. A los caballeros sin culpa se les concedió la posibilidad de incorporarse a otras órdenes militares, o bien a secularizarse con una pensión vitalicia a cargo de los bienes enajenados a la orden. En cuanto a aquellos que reconocieron algún tipo de culpa, se les remitió a la justicia, si bien se exhortó a los tribunales para que atemperasen el rigor de la justicia en aras de la misericordia. Pero, como sucedió en el caso de Jacques de Molay y sus companeros, no siempre fue así.

El último acto de los templarios

La causa del gran maestre Jacques de Molay y de los tres primeros dignatarios templarios, que habían confesado su culpabilidad, fue reservada al papa. Éste intentó reconciliarlos con la Iglesia y para ello ideó una ceremonia pública de penitencia que levantara las dudas que se habían planteado tras el procesamiento.
Las autoridades francesas ordenaron levantar un cadalso frente a la catedral de Notre Dame y procedieron a la lectura de la sentencia. Para sorpresa de los asistentes, el gran maestre defendió el honor de la orden y proclamó públicamente la inocencia de sus hermanos. Ese mismo día, De Molay –junto con el preceptor de Normandía, Godofredo de Charney y otros 35 caballeros- fue quemado vivo, acusado de herejía.
El valor de Jacques de Molay en el instante previo a su muerte en la hoguera impresionó profundamente al pueblo y, puesto que tanto el papa como el rey de Francia y sus cómplices fallecieron poco tiempo después, circuló la leyenda de que De Molay los había emplazado a comparecer ante el juicio de Dios.

martes 9 de junio de 2009

Gurkhas

Como consecuencia del conflicto de las islas Malvinas, se publicó en Argentina un libro en que se narraban las experiencias personales de los jóvenes soldados de reemplazo que habían participado en ella. El libro se titulaba Los chicos de la guerra y en él se vertían graves acusaciones contra los hombres del I Batallón del 7º Regimiento de Fusileros Gurkhas del Duque de Edimburgh. Así, por ejemplo, en sus páginas podían leerse frases como “Los Gurkhas llegaron hasta nosotros como enloquecidos, totalmente drogados”, o “Un Gurkha pisó una mina y voló por los aires, pero el que seguía no se inmutó y siguió avanzando por el mismo camino

Al igual que los otros cinco batallones de Gurkhas del ejército británico, el VII Batallón de Fusileron Gurkhas del Duque de Edumburgh se creó originalmente como parte del Ejército de la India. Organizado en 1902 como el VIII de Fusileron Gurkhas, al año siguiente se le cambió esta denominación por la de II Batallón del 10º de Fusileros Gurkhas. Cuatro años más tarde se convirtió definitivamente en el 10º de Fusileros Gurkhas.
Durante la I Guerra Mundial el I Batallón permaneció en la India como unidad de depósito. El II, en cambio fue enviado a Mesopotamia, donde combatió de 1915 a 1918. Este batallón fue hecho prisionero en Kert-al- Amara pero organizado de nuevo participó luego en la toma de dicha población.
El I Batallón participó en la II Guerra Mundial luchando contra los japoneses en Birmania, jugando un papel de gran importancia en la ocupación y defensa de Meiktiea y en los combates de Imphal. La fatalidad volvió a cebarse con el II Batallón, que estuvo presente en la campaña del Norte de Africa hasta su captura por los alemanes en Tobruk en 1942. El nuevamente reconstruido II Batallón estuvo de guarnición en Palestina, Siria y Líbano. Cuando la India y Pakistán se convirtieron en naciones independientes, el regimiento pasó a formar parte del ejército británico. El 1º de enero de 1947 recibió el nombre de 7º de Fusileros Gurkhas del Duque de Edimburgh.


Unidades inglesas Gurkhas

Después de la independencia de la India y Pakistán en 1947, cuatro de los diez regimientos de Gurkhas que entonces existían, siguieron perteneciendo al ejército británico. Los restantes pasaron a formar parte del Ejército de la India. Los que permanecieron como unidades británicas constituyeron la Brigada Gurkha a partir del uno de junio de 1948. En los años siguientes la brigada fue estructurada en una unidad independiente de seis batallones de infantería, un regimiento de transporte, un batallón de zapadores y otro de transmisiones. Sin embargo aunque la brigada podía actuar aislada, en la práctica sus batallones fueron separados y estacionados bien en Gran Bretaña o en los territorios de Ultramar.



Al estallar la guerra de las Malvinas, el 7º de Fusileros Gurkhas estaba de guarnición en Church Crookham con tres batallones formando parte de la V Brigada de infantería.
Creada en 1981, esta brigada no era entonces una unidad de la OTAN, sino una fuerza de intervención inmediata a las órdenes directas del comandante en jefe de las tropas de tierra del Reino Unido.

El Kukri

Los Gurkhas están equipados y armados, en términos generales, en forma similar a las demás unidades regulares del ejército británico. La única excepción la constituye el kukri, el arma nacional del Nepal.
Este inconfundible cuchillo tiene diversos tamaños, pero todos poseen en común la hoja curva que le caracteriza. Dicha hoja empieza en el mango con una forma redonda y estrecha que luego se ensancha en forma plana hasta terminar en una afilada punta. El borde interior de la hoja es romo y muy grueso, pero el exterior se mantiene afilado como una hoja de afeitar gracias al continuo afilado. La hoja está fabricada con acero de alta calidad y como el peso del arma está en su parte posterior, el kukri es muy eficaz cuando se lanza. Originalmente era un cuchillo de múltiples usos: puede ser empleado para excavar la tierra, para hacer leña y también para ser usado como arma de combate muy eficaz. En espacios reducidos el kukri puede manejarse mejor que una balyoneta unida a un fusil y, además, las heridas que produce son más importantes. Desde los primeros días de su pertenencia al ejército británico, los Gurkhas han mostrado su aficción a llevar el kukri en el cinto junto con las demás partes del equipo reglamentario. En esta posición el kukri puede ser extraído rápidamente para ser utilizado. Aunque el kukri es un arma eficaz y que ha demostrado ser de utilidad en muchas ocasiones, su efecto psicológico en el combate ha sido enorme y en muchas ocasiones el enemigo ha preferido huir antes de hacer frente al cuchillo de los Gurkhas.

sábado 2 de mayo de 2009

Los lazaristas: los caballeros leprosos



Las reglas de los templarios y de los hospitalarios establecían que si alguno de sus miembros enfermaba de lepra –una enfermedad muy difundida por entonces en Siria- debía abandonar la orden y unirse a los hospitalarios de San Lázaro, especializados en enfermería, que se convirtieron en la tercera gran orden militar de Ultramar.Transformada en orden militar durante la primera cruzada, y seguidora de la regla de San Agustín, la leyenda dice que los primeros maestres de la hermandad, que nunca fue muy numerosa, fueron siempre leprosos. A principios del siglo XII el leprosario de San Lázaro, en Jerusalén, pasó a depender de los hospitalarios francos. Luis VII de Francia fue un ferviente admirador de la orden, y tras su regreso a Europa estableció a doce hermanos lazaristas en su castillo de Boigny, cerca de Orleans, donde fundaron un hospital de San Lázaro que se convirtió en la casa central de la hermandad. Entre sus cofrades ilustres se encuentra el conde Raimundo III de Trípoli (1152-1187).

martes 21 de abril de 2009

Los Merodeadores (Marauders) de Merrill


En agosto de 1943, las unidades de infantería estadounidense estacionadas en el Pacífico, el Caribe y EE.UU. recibieron un despacho en el que se pedían voluntarios experimentados en la lucha en la jungla, con los que se formaría una unidad de incursión denominada “Galahad”.

Durante las semanas siguientes se presentaron 3000 hombres y a mediados de septiembre los últimos de ellos partieron de San Francisco con destino a la India. Llegados a Bombay el 31 de octubre, siguieron dos cursos de entrenamiento intensivo sobre supervivencia en la jungla. En enero de 1944 fue bautizada 5307ª Unidad Compuesta (Provisional) y puesta a las órdenes del general de brigada Frank Merrill. La 5307ª, rápidamente apodada los Merodeadores de Merrill, consistía en tres batallones que, a su vez, estaban subdivididos en dos agrupaciones de combate: el primer Batallón tenía las agrupaciones Roja y Blanca; el segundo, las Azul y Verde; y el tercero las Caqui y Naranja. Cada agrupación tenía 16 oficiales y 456 suboficiales y soldados. Antes de su disolución el 4 de agosto de 1944, esta unidad libró cinco combates importantes y 30 menores contra los japoneses. Los Merodeadores fueron las primeras fuerzas estadounidenses enviadas a combatir al continente asiático durante la II Guerra Mundial.

Birmania

Tras la invasión japonesa de Birmania en enero de 1942 y la retirada aliada a la frontera nororiental de la India, el principal empeño de los Aliados fue la reapertura de la ruta de suministros hacia China a través del norte de Birmania. La primera contraofensiva tuvo lugar en Arakán a finales e 1942 y su fracaso amenazó con echar por tierra los planes aliados. Sin embargo, meses más tarde tuvo éxito una incursión en profundidad realizada por los Chindit del general Orde Wingate.
La actuación de los Chindit reavivó los planes Aliados y en la conferencia de Casablanca y en la Trident de Washington el alto mando preparó una estrategia detallada sobre futuras operaciones en Birmania. Wingate asistió a la conferencia de Washington y sus argumentos a favor de dar un papel más relevante a sus Chindit obtuvo el beneplácito de los generales norteamericanos. Wingate proponía que sus fuerzas penetrasen en profundidad en territorio enemigo y estableciesen varios puntos fuertes que pudiesen ser reabastecidos desde el aire. Así los Chindit podrían hostigar los convoyes, trenes y aeródromos japoneses.
Ello sugirió a los estadounidenses la creación de una fuerza propia para apoyar la campaña de los Chindit. Esta fuerza, los Merodeadores de Merrill, estaría bajo la supervisión del teniente general Joseph Stilwell (“Joe Vinagre”), encargado de las fuerzas chinas que operaban junto a las fronteras birmanas. En octubre, tropas chinas de Stilwell abrieron la ofensiva contra los japoneses al norte de Birmania y en enero de 1944 los Merodeadores llevaron a cabo su primera incursión en profundidad.

Soldado de los Merodeadores de Merrill, Birmania, 1944

Este soldado raso va bien pertrechado en comparación con muchos de su compañeros. Tras semanas en la jungla birmana, el uniforme de faena verde oliva podía estar andrajoso. Su calzado consiste en botas de cuero marrón. Tano su arma, el fusil semiautomático M1 Garand, como su casco M1 de fibra están manchados del barro de la región. El fusil M1 de 7,62 mm tenía un cargador integrado de 8 cartuchos y pesaba 4,2 kg. El correaje , la mochila y la cantimplora son las reglamentarias. En el cinturón lleva varias cartucheras, también de lona.

Ametralladora Browning M1919A4.


Utilizada durante la campaña de los Merodeadores en el norte de Birmania, su fiabilidad y elevada potencia de fuego se ganaron el aprecio de la tropa, que la empleó con efectos devastadores contra las fuerzas japonesas.

Calibre: 7,62 mm
Longitud: 104 cm
Peso: 14 kg
Alimentación: por cinta
Sistema de acción: por retroceso
Cadencia de tiro (práctica): 120 dpm
Velocidad inicial: 860 m por segundo
Alcance máximo efectivo: 1000 m

La ametralladora modelo 1919, diseñada por John Browning, era un arma robusta, fiable y de fácil transporte. A temperaturas de operación normales, la Browning podía mantener una cadencia de tiro de 60 dpm durante 30 minutos sin que el cañón se recalentase y cualquier interrupción se solucionaba con facilidad.
Bastante ligera (pesaba 20 kg incluido el trípode) y muy manejable, era un arma ideal de infantería y su versión A4, usada en la II Guerra Mundial, equipó a la mayoría de las compañías de primera línea. Cuando era utilizada en unidades de infantería, se montaba sobre el trípode M2 y sus dos sirvientes regulaban la elevación y la depresión mediante un volante situado entre las dos patas traseras del trípode.Su alimentación consistía en una cinta de tela que alojaba 150 cartuchosdel modelo M1906 de 7,62 mm. Aunque la Broening fue un arma de primera clase en su versión básica, durante la guerra padeció varias modificaciones: el pistolete original fue sustituido por una culata como la de cualquier fusil y se instaló también un bípode ajustable junto a un asa de transporte y una bocacha apagallamas. La ametralladora ligera Browning sirvió en todos los teatros de la guerra.